Satisfacción y placer fue lo que sentí el día 23 cuando terminé el Maratón de Sevilla.
Satisfacción y placer por dos motivos, por dos compromisos conmigo mismo. El primero fue cuando me comprometí acompañar a mi compañero Emi “El Huesos” hasta pasar el arco de meta en menos de cuatro horas y lo conseguimos, y el segundo poder yo también terminarla con el, que no estaba yo tan seguro de lograrlo por los dolores que tenía entre pecho y espaldas por culpa de la “puta señal de tráfico” y también lo conseguí, y todo, gracias a la Macarena que lo creáis o no, esta vez me echó un mano.
Bueno, volviendo a la carrera, os puedo decir que todo empezó desde el momento que sonó la alarma del despertador avisando que algo bueno nos esperaba, 42 kilómetros y 195 metros interminables, por las calles de Sevilla.
El autobús de la organización venía con retraso y tuvimos que coger otro de línea (el c3 ) este nos llevó a las cercanías del Estadio de la Cartuja donde ya nos estaba esperando nuestro compañero Tinín “el Pupas”. Nos dirigimos todos al guardarropa y desde allí a la línea de salida, y desde allí, cada uno a su cajón de salida correspondiente a su marca acreditada en anteriores Maratones. Siero, Ceca, Villareal, Peñas, Jorge todos ellos en el cajón de las sub 3 horas, después, Tomás, Javi, Tony, Sergio en el siguiente y más atrás estábamos Tinín que se había colado en nuestro cajón, Emi y yo Paco.
A las nueve de la mañana y sin perder un segundo, se dio la salida a nueve mil atletas de todas las nacionalidades dispuestos a comerse el asfalto de las calles de Sevilla. Todos los fondistas ni que decir tiene que nos deseamos mucha suerte antes de la salida chocando nuestras manos.
Alguno estaba nervioso por ser su primer Maratón como Javi (Mártin) pero llevaba una buen compañero que le iba a llevar a su ritmo como es Tomás y detrás íbamos Tinín y Emi, a los cuales le acompañaba Yo, así que no tenían que tener miedo como ya le habíamos aconsejado pero si respeto al Maratón.
Por el kilómetro 14 ó 15 mas o menos, pregunté a Emi ¿que tal vas? Y me contestó con alegría ¡voy muy bien! estoy perfecto, y le contesté: muy bien me alegro. Seguimos rodando Mario se para a hacer sus necesidades fisiológicas y yo le digo que yo no paro que lo haría después mas adelante como así fue.
A se me olvidaba, Tinín salió con nosotros, al principio se ponía delante, luego decía que íbamos muy rápidos, al momento ya no le oía pues se había quedado detrás, vamos, en su línea, ahora tiro ahora paro, hasta el kilómetro diez en que en un avituallamiento le vemos a nuestro lado y se une de nuevo a nosotros, contando sus batallitas: que si me torcido un tobillo con una botella, que si he pisao un tapón, ect.. Y yo al verle que ya venía caliente e iba a un ritmo siempre delante de nosotros unos metros. El quería a lo mejor que yo me fuera con el, pero no, yo tenía un compromiso con Emi y era mi objetivo seguir con el hasta el final. Le dije que el estaba muy entero que se fuera para delante, en un principio decía que no se fiaba de si mismo que creía que podía petar si se iba, pero al final se fue y consiguió un buen tiempo me alegro por el, estaba mejor de lo que creía.
Pasamos la media Maratón y no nos habíamos dado cuenta que habíamos perdido de vista a Mario ya llevaba tiempo que le llamaba y no respondía y es que se había quedado en un puesto médico para que le atendiera porqué el también llevaba un tobillo un poco maltrecho, pero pronto se unió de nuevo a nosotros.
A mi también ya empezaba a molestarme la espalda y el pecho y tuve que parar varias veces para que me atendieran en un puesto de Cruz Roja de los muchos que hay en el recorrido.
Al incorporarme de nuevo al grupo, ya por el kilómetro 25 le pregunto a Emi, ¿Qué tal vas? Y esta vez la contestación fue un: ¡¡Bueno!! Ya mas pausado y con voz cansada y entonces me di cuenta que ya pronto empezaría a sufrir, como así fue a partir del kilómetro 27 empezó su calvario, aunque Mario y yo no dejábamos de animarle para que no se viniera abajo.
Recuerdo que cuando llegamos a la avenida donde al final de la misma se divisaba la torre de la Giralda, conseguí con mi insistencia que mirara al frente para verla, miró pero de muy mala gana, no fue lo mismo cuando al principio de la carrera pasamos por la Torre del Oro, la Maestranza y Mario nos iba informando de todos los monumentos emblemáticos de Sevilla, entonces los miraba y se recreaba pero ahora no estaba para eso, su pensamiento yo creo que estaba en otro lado.
Se que a veces nos ponemos cansinos cuando queremos animar a alguien que lo está pasando mal, pero aunque creo que es tal el cansancio que llevaba Emi que creo que ni nos hacia puto caso. Lo siento compañero, pero nuestro deseo era que siguieras y consiguieras terminar esa gran hazaña que es a lo que habías venido ¿no? Sufrir ya sabías que te iba a pasar, pero no tanto, ¿vedad? Quien te habrá animado a que hicieras un Maratón, que mal amigo debe de ser ¿a que si pensabas eso? Pero dentro de una semana ya te dije al terminar que tu pensamiento sería otro, darás las gracias a quien te animó a hacerlo y ya tendrás ganas de hacer el siguiente.
A pasar la Plaza de España, Mario me dice: Paco me tengo que parar, me duele mucho el tobillo. ¡No jodas Mario! Estamos arengando a toda esta gente para que siga y no se pare y ahora vas a parar tu, y con voz de mando le dije ¡Aquí no se queda nadie joder, vamos! Y así fue, me hizo caso y llegamos con el siguiente arreón hasta la meta.
Al paso por la Alameda de Hércules todo era un pasillo del gentío que aplaudía a rabiar al paso de los corredores, como se agradece eso cuando vas tan agotado.
Cuando llegamos al parque, este recorrido le fue interminable para Emi, cuanto pudo sufrir, pero al final lo consiguió y te puedo decir Emi que con ese sufrimiento la gloria es más grande, lo se porque a todos nos ha pasado, a esa altura de la carrera hasta los Keniatas sufren.
A la entrada del túnel, saque mi bandera de Andalucía y le di a Emi para que la cogiera como teníamos pensado entrar en meta, pero tuve que cogerla yo solo porque no era dueño de su cuerpo en esos momentos, no se lo que sintió, pero seguro que no lo olvidará en la vida.
Al entrar en meta, nos fundimos en un abrazo. Después a Emi lo tuvimos que llevar a un lado para atenderlo, se tumbó en el suelo extasiado y como no había nadie que le atendiera fue Mario el que le estiró los gemelos y demás mientras Yo iba a las chicas que entregaban las medallas para que me dieran una para mi compañero que estaba tumbado y fue ella tan amable la que vino a ponérsela al cuello, después yo estaba grabando con su cámara el estado en que estaba para que después se viera y le dijimos ¡guiña un ojo! Para ver si reaccionaba, y así lo hizo y un momento después sin que nadie le dijera nada mordió la medalla como hacen los campeones y fue cuando vimos que ya estaba bien y le invitamos a levantase y caminar.
Salimos fuera del estadio buscando a los demás compañeros hasta conseguir reunirnos todos y volver para el hotel, pues algunos tenían prisa para ducharse y volver para Madrid y otros, la gran mayoría nos quedamos un día mas en Sevilla para disfrutar de ese color especial que tiene con 25º paseando por sus calles.
Bueno, enhorabuena a todos los compañeros que han conseguido batir su propio record como: Ceca, Jorge, Villareal, Tomás, Mártin, Tinín, Emi y a los que hicieron excelentes tiempos como: Siero, Peñas, Sergio, Tony, y Yo también puedo decir que siento una gran Satisfacción y un gran Placer por haber conseguido que Emi termine su primer Maratón en menos de cuatro horas y a la vez yo terminarlo que no las tenía todas conmigo.
Maratón de Sevilla 23/02/2014
Paco


