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5º. Intensidades inadecuadas en los
entrenamientos.
Tenemos la idea de que por entrenar más rápido vamos a
competir también más rápido. Esto tiene cierto matiz, me explico.
Si tu entrenamiento diario lo vasas siempre en ir con el
gancho, en tirar fuerte, ritmos vivos...etc., lo único que vas a conseguir es
sin ninguna duda, fatiga y sobre entrenamiento, los preámbulos de alguna lesión
larga y duradera. El sobre entrenamiento no es una patología fácil de detectar
ya que no existe una manera fiable o un síntoma determinante que nos diga de
forma segura que estamos sobreentrenando. Bajamos el rendimiento de forma
continua y prolongada, y ¿Qué hacemos? Pues en vez de descansar, entrenamos más,
para compensar. Ojo no hablamos de que tengas un mal día o que en alguna sesión
estés más flojo o débil, hablamos de algo más prolongado.
También lo notamos en las pulsaciones que tenemos en reposo,
una subida del mismo puede ser un síntoma.
Por ello hay que alternar sesiones de alta intensidad con
otras de baja intensidad. Que no de miedo a ir despacio, no hay nada como una
sesión con un grupo, charlando y disfrutando de una sesión ligera que nos
permita recuperar y preparar nuestro cuerpo para otro día mas intenso.
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6º. No dejarse dominar por los planes
de entrenamiento.
Soy de los que piensan que un buen plan de entrenamiento es
la base del éxito.
Si sales a correr día tras día de la misma manera y sin
ninguna planificación, no estarás entrenando los distintos aspectos que te
harán avanzar, como pueden ser la velocidad o la resistencia. Se tienda a
la rutina, al aburrimiento y sobre todo perdemos la motivación, una de las
claves para realizar tu objetivo.
Si no tienes un plan es más fácil saltarse un día de
entrenamiento, sin embargo si planificas las jornadas, te ayuda a salir de casa
y vencer la pereza.
Ahora, todo esto
tiene sus peros. No seas un esclavo de tu Plan de Entrenamiento. Se
flexible contigo mismo, permitiendo adaptaciones a tu plan de entrenamiento
debido a los imprevistos del día a día, pero siempre respetando los
lineamientos presentes en tu plan.
Si un día estas muy cansado, con mucho sueño, tu jornada de
trabajo ha sido dura, no hay nada como tumbarse en el sofá y leer, ver la tele
o hacer lo que te dé la gana. Sobre el papel habrás perdido un día de
entrenamiento, pero la realidad es que has protegido a tu cuerpo y a tu mente.
Haz caso a tu cuerpo, él es sabio y te dirá que hay momentos
para cambiar el chip. También lo agradecerá tu familia, por ejemplo ese día
que no bajas a entrenar, haz algo diferente con ellos, estarás demostrándolos
al mismo tiempo que hay cosas más importantes que correr.
Así que el día que no puedas entrenar, olvídalo y salta página,
no intentes recuperarlo, sería contraproducente y conseguirías un resultado
opuesto al que persigues.